Annabelle

Tras el éxito tanto en calidad como en taquilla de El Conjuro 2013, el director de cinematográfico  John R. Leonetti se trajo al villano más tenebroso de dicha cinta para traer la precuela titulada Annabelle. En esta ocasión se trata de una trama simple y ritmo lento, la cual busca engranar con la estructura clásica del género, basada en supuestos hechos reales que se vinculaban con el origen de dicho objeto infantil que a día de hoy sigue confinado en una urna propiedad del matrimonio de parapsicólogos formado por Ed Warren y Lorraine Warren.  La cinta conto con las actuaciones de Annabelle Wallis, Ward Horton, Alfre Woodard, Eric Ladin, Gabriel Bateman, Paige Diaz, Tony Amendola, Michelle Romano, Brian Howe y Morganna May.

John Form encuentra el regalo perfecto para su mujer embarazada, Mia: una preciosa e inusual muñeca vintage que lleva un vestido de novia blanco inmaculado. Sin embargo, la alegría de Mia al recibir a Annabelle no dura mucho. Durante una espantosa noche la pareja ve como miembros de una secta satánica invaden su hogar y los atacan brutalmente. No sólo dejan sangre derramada y terror tras su visita…los miembros de la secta conjuran a un ente de tal maldad que nada de lo que han hecho se compara al siniestro camino a la maldición que ahora es… Annabelle. 

La cinta no es mediocre ni está mal hecha pero su imperfección radica en la falta de originalidad, el guion y las actuaciones, hay pocas escenas que son destacables, aunque algunos estuvieron bien realizados como la del ascensor o la de la levitación; pero esto puede dar gusto a poco para las expectativas que había con la muñeca más mala que hemos visto (pese a sus pocos minutos de intervención en  El Conjuro 2013). Hay que tener en cuenta que hacer una película de una muñeca es complicado, no vamos a ver a Annabelle corriendo de aquí para allá, esto no es una parodia de Chucky y está basado en hechos reales así que había que hacerlo lo más realista posible. El problema de J,R Leonetti es que no supo jugar con el efecto que genera Annabelle con su terrorífico aspecto más allá de los primeros compases, no supo jugar con el terror ominoso ni darle esa atmósfera opresiva que si se podía sentir en El Conjuro 2013, los únicos momentos en donde el film genera terror o angustia son en los sustos que están repartidos más que nada en la segunda mitad del metraje, pero más allá de estos momentos luego es una película algo inofensiva.

Las actuaciones es otro aspecto flojo, ninguno destaca demasiado y el protagónico de Anabelle Wallis es vacío, frió y poco expresivo (digamos que boto la escena del elevador). El guion de la película es también de lo más simple y no hay ningún tipo de sorpresa argumental.

Puntuación 4/10 

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